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Filosofía Institucional

Misión

ULACIT se esmera en preparar a sus alumnos para posiciones de liderazgo en la ciencia, la tecnología y otros campos del quehacer humano, con el conocimiento, destrezas y actitudes que requerirán para servir al mundo en el siglo XXI. Para ello, se asegura de reclutar, educar y apoyar a una población estudiantil con un potencial académico prometedor, que además refleje una gran diversidad de intereses, talentos y experiencias de vida.

La Universidad pone a disposición de sus alumnos un cuerpo docente sobresaliente, con habilidades para la creación y diseminación del conocimiento; y personal administrativo comprometido con la calidad, la innovación y el servicio.

Para desarrollar el pleno potencial humano y pasión del estudiantado por el aprendizaje, la Universidad se compromete a ofrecer los programas académicos más intelectualmente pertinentes y estimulantes, ambientes apropiados para el desarrollo humano integral y los recursos necesarios para mantener la excelencia académica en todos los sentidos.

Visión

La Universidad Latinoamericana de Ciencia y Tecnología –ULACIT– es una universidad joven, innovadora y emprendedora, edificada sobre un legado que se remonta al advenimiento de la educación superior en el país, en 1936. Nuestra historia es una narrativa de resiliencia y transformación que se proyecta desde la capital de Costa Rica hacia el futuro, inspirada en su compromiso con el progreso de su población, el sector productivo, el país y la comunidad global.

Con un espíritu de solidaridad, integridad e inclusión, sus estudiantes, egresados, profesores y personal administrativo buscan distinguirse por su excelencia como profesionales, ciudadanos y seres humanos.

Juntos, potenciamos la exploración, el descubrimiento, la reflexión, la creación y la vocación de servicio.

 

Modelo educativo

El modelo educativo de ULACIT responde a una concepción de cómo aprende el ser humano.  Los avances en el campo de la neurociencia cognitiva durante la última década han venido a reafirmar una de las conclusiones más importantes de Jean Piaget: que el aprendizaje en los seres humanos y otros mamíferos se genera a través de la reorganización de sus estructuras cognitivas, como consecuencia de los procesos adaptativos a su entorno. Con las tecnologías médicas modernas (por ejemplo, fMRI, PET y EEG) y las contribuciones de múltiples estudios de lesiones cerebrales, se ha podido determinar cómo, y dónde asimila y acomoda información el cerebro. Vea aquí cómo ULACIT orienta su modelo educativo a partir de los descubrimientos más recientes en la neurociencia.

Uno de esos grandes descubrimientos es que el conocimiento es guardado y producido por el cerebro a través de la formación y cambios en las redes neuronales, y que el aprendizaje implica transformaciones físicas en ellas, en respuesta a estímulos generados por experiencias concretas en el medio. El conocimiento previo, entonces, no es etéreo, es físico: se conforma, literalmente, por cientos de miles de redes neuronales producto de la interacción del ser humano con el ambiente.

Todo ser humano tiene conocimiento previo y hasta se conjetura que los bebés también. Actualmente, se investiga el “conocimiento previo” de los recién nacidos: se han obtenido resultados alentadores que iluminan la discusión milenaria sobre las capacidades congénitas de los seres humanos, pero cualquier afirmación sobre sus implicaciones para el proceso educativo es aún prematura. En ese sentido, las teorías innatistas impulsadas por pensadores como Noam Chomsky y Jerry Fodor no se contraponen a los principios constructivistas del aprendizaje, sino que complementan la visión de cómo ocurre el aprendizaje: las capacidades innatas del ser humano son la base biológica sobre la cual puede construir su propia comprensión de la realidad.

Cada individuo aprende sobre esas redes neuronales. La corteza cerebral siente, integra y actúa en respuesta a experiencias concretas. El cerebro recibe estímulos del ambiente a través de la corteza sensorial y los asimila, integrándolos con la información proveniente de los diferentes lóbulos y del sistema límbico. El cerebro reflexiona sobre la información, la reacomoda, la relaciona, la ignora o la convierte en memorias, creando imágenes y significado. Luego, con esa información, el lóbulo frontal crea nuevos esquemas mentales, desarrolla planes, compara y escoge alternativas, toma decisiones, resuelve problemas o bien le envía mensajes a la corteza motora para que ejecute algún movimiento.

¿Cuáles son algunas de las implicaciones que tienen estos descubrimientos sobre los procesos de enseñanza y aprendizaje? Para empezar, los docentes deben comprender que los alumnos controlan su propio proceso de aprendizaje, no ellos. No pueden obligar a otros a aprender, pero sí pueden fomentar el aprendizaje profundo, facilitando oportunidades para experimentar, reflexionar, crear y practicar.

Segundo, los alumnos adquieren conocimiento de forma significativa solo si este tiene valor para sus vidas y les resulta emocionalmente importante. En ese sentido, impulsa a los profesores a pasar menos tiempo tratando de “transmitir” ideas y más tiempo entendiendo cómo pueden construir aprendizaje sobre sus experiencias previas.

Los avances en la neurociencia cognitiva nos indican que las redes neuronales son persistentes y difíciles de modificar, por lo que los profesores requieren armarse de optimismo y paciencia para facilitar la construcción de nuevas redes, respetando la diversidad infinita de cerebros y la independencia de pensamiento de sus alumnos.

En realidad, los estudios en neurociencia vienen a confirmar lo que ya muchos psicólogos y educadores habían sospechado: que las personas activamente construían sus propias representaciones de una realidad objetiva utilizando su conocimiento previo.  El conocimiento lo construyen sobre las experiencias personales y las hipótesis que se formulan sobre su entorno, hipótesis que ponen a prueba a través de la negociación social.

Desde luego, al no compartir las mismas experiencias de vida, cada persona tiene una interpretación y un proceso de construcción del conocimiento distinto.  Esta visión del aprendizaje, llamada ‘constructivismo’, es uno de los paradigmas que influye sobre el modelo educativo de ULACIT, cuyos proponentes más importantes fueron John Dewey, Jean Piaget, Jerome Bruner y Lev Vygotsky. Desde la perspectiva constructivista, en ULACIT reconocemos que el alumno aprende:

 

  • Observando e imitando a otro más conocedor ―por ejemplo, un experto, par o computadora― quien provee el andamiaje y modela el uso de herramientas simbólicas y físicas. El modelamiento efectivo requiere la atención, la retención, la reproducción y la motivación por parte del estudiante, así como el apoyo y la orientación por parte del docente.
  • Interactuando con el mundo, manipulando y experimentando con objetos e ideas, y empleando la tecnología.
  • Dialogando y cuestionando continuamente, empleando el razonamiento y pensamiento crítico en la comunicación oral, escrita y visual.
  • Colaborando con otros en comunidades de práctica.
  • Realizando actividades de aprendizaje complejas y variadas del mundo real, en contextos socioculturales auténticos.
  • Involucrándose activamente en su aprendizaje dentro de una zona de desarrollo próximo.
  • Descubriendo nuevos conceptos a través de la indagación guiada, en situaciones de resolución de preguntas y problemas, a través del análisis de casos o simulando situaciones de la vida real.
  • Asignándole autonomía, responsabilidad e independencia.

 

El segundo paradigma de aprendizaje que influye sobre el modelo educativo en ULACIT es el humanismo secular. El humanismo fue impulsado por Abraham Maslow, Carl Rogers y otros, bajo la noción de que el aprendizaje es un acto personal que realizan los seres humanos, con intencionalidad y valores, para lograr su propio potencial.  A diferencia de teorías conductistas, que indican que la conducta humana es el resultado de la aplicación de consecuencias, los humanistas sostienen que todo individuo tiene dentro de sí la capacidad para crecer y desarrollar sus propias capacidades. Desde este paradigma, el descubrimiento del conocimiento y la construcción del significado son centrales para el aprendizaje.  El humanismo percibe el proceso de aprendizaje como enfocado hacia los estudiantes y facilitado por los docentes, con el objetivo de satisfacer las necesidades cognitivas y afectivas de los alumnos y desarrollar personas autoactualizadas, en ambientes cooperativos.  Este paradigma enfatiza la libertad, la dignidad y el potencial de los seres humanos.

 

Desde esta perspectiva, reconocemos que el alumno aprende:

  • A través de experiencias concretas, la observación reflexiva, la conceptualización abstracta y la experimentación activa.
  • Buscando satisfacer una serie de metas, en respuesta a una jerarquía de necesidades.
  • Manteniendo su interés por el aprendizaje a lo largo del proceso.
  • En ambientes de aprendizaje que lo hacen sentir apreciado y apoyado.
  • En ambientes educativos en donde las personas colaboran.
  • A través de la autoevaluación, en un ejercicio de autorregulación y desarrollo interno.
  • Cuando siente que aprende lo que necesita y desea saber.
  • Cuando el proceso educativo se centra en ayudarlo a decidir lo que es y lo que quiere llegar a ser.
  • Cuando el docente permite que los alumnos decidan sobre las experiencias y proyectos que quieren emprender, logrando aprendizajes vivenciales con sentido.
  • Cuando el docente es abierto a nuevas formas de enseñanza, genuino con los alumnos, empático, cercano y generoso con su conocimiento.
  • Cuando el proceso educativo les permite clarificar sus preferencias personales y creencias, actitudes y opiniones.
  • Cuando sirve a los demás (Aprendizaje en Servicio).