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Published on mayo 2nd, 2016 | by UReporter

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María Cristina Urbina: pionera en educación privada

  • “Los cambios de la vida hay que aprovecharlos de forma alegre”, María Cristina Urbina.

Por: Waleska Oporta, estudiante de Publicidad de ULACIT.

Cuando se va a hablar de una mujer como María Cristina Urbina, es importante transmitir que se trata de una persona con gran habilidad para la oratoria, que destila conocimiento con cada una de sus palabras. Y no es para menos, cuenta con dos maestrías de la Universidad de Stanford (una en Administración y Análisis de Políticas y la otra en Diseño y Evaluación de Programas Educacionales), y toda una vida dedicada a la educación.

Con una sólida formación académica bajo el brazo y una marcada conciencia social regresó a Costa Rica, y en 1989 decidió perseguir su sueño de fundar Blue Valley School.

A esta mujer también la tuvieron como compañera los estudiantes del curso de Argumentación y Retórica, que se impartió en la U el I cuatrimestre del 2016; otros tuvimos la oportunidad de conocerla el pasado 28 de abril, durante la charla “María Cristina Urbina: La historia del Blue Valley School”, con la cual nos condujo por una historia de triunfo y perseverancia y nos contó las claves de su éxito.

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Los inicios de Blue Valley. “Una escuela es tan buena como sus profesores”, comentó y hizo énfasis en que su sueño no se hubiese cumplido de no tener un gran equipo al lado. Pero requirió más que eso.

Al principio la escuela se ubicó en una casa de alquiler, pero al llenarse el cupo, se vieron en la necesidad de alquilar una segunda casa vecina para dar a basto. Esta solución sería solamente temporal; gracias a un vertiginoso crecimiento, María Cristina cuenta que se vió forzada a tomar la decisión de comprar una propiedad que le costó treinta y tres millones de colones, en donde se construyeron las instalaciones actuales del Blue Valley School.

“Muchos de los visitantes de la actual Blue Valley School, que lo describen como espacioso, moderno y estratégicamente diseñado (integra cuadrángulos que semejan los de los monasterios europeos a pedido especial de doña María), no podrían creer cómo se veía esa propiedad en un ayer: un lote empantanado, ubicado en un guindo, sin agua, sin electricidad ni teléfono. Las microbuses de transporte de estudiantes no bajaban hasta la propiedad debido a lo complicado del camino y los niños tenían que atravesar un barreal para llegar hasta sus aulas”.

Pagando con trabajo. A pesar de los obstáculos evidentes, María Cristina vio más allá. “Cuando uno no puede pagar, paga con trabajo”, justificó. Así que se puso manos a la obra. Pidió permisos para colocar postes de luz y pronto tenía también teléfono. Con el tiempo trabajó para mejorar la infraestructura; “hacer mejoras al hardware”, como ella le llama ella al edificio que alberga a Blue Valley School. Sin embargo, recalca que lo importante no es el hardware (“eso se compra”), sino el software: el talento humano y el contenido académico.

Entre sus profesores hay costarricenses y también profesores estadounidenses con amplia experiencia y compromiso con su vocación. Esto es esencial en una escuela en donde no se sigue el modelo tradicional de evaluación, pues aquí los niños no se examinan, ni se califican, se instruyen y se guían para que adquieran un conocimiento deductivo. “En Blue Valley School no se hacen tareas, sino trabajos con el fin de instalar en los niños el chip de que el trabajo es agradable”, explicó.

Su mensaje final fue claro y contundente: “No es necesario fundar una escuela nueva para mostrar emprendedurismo. Emprendedurismo es apasionarse por algo y hacerlo realidad”.

Urbina despidió a un numeroso público en el auditorio de la universidad con un mensaje alentador que nace como resultado de sus años de experiencia y de su deseo de que su legado perdure y eche raíces en los corazones de las nuevas generaciones. Instó a los asistentes a hacer camino al andar, a prepararse, a aprender todo el tiempo sin cansarse. “Los cambios de la vida hay que aprovecharlos de forma alegre”, concluyó.

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